miércoles, 30 de agosto de 2023
martes, 29 de agosto de 2023
Cambiando el marco...
La vaca estaba en un estado calamitoso, quería irse al
otro barrio; por eso Luciana llamó a don Isabelo, su veterinario de cabecera.
Doce segundos después Isabelo Noblejas aparcaba su viejo cuatro latas
rojo en la mismita puerta del establo. Su moral dio en caer al suelo al instante de entrar en la cuadra: hacía cincuenta años que no veía a
un animal tan acabado, consumido y maltrecho. Mientras acariciaba el pescuezo
de la res, el veterinario clavó su mirada cetrina en la dueña del animal para sentenciar con autoridad:
―No hay nada que
hacer, Luciana, la vaca se muere.
―Doctor, haga
algo, por el amor de Dios
―suplicó Luciana...
Don Isabelo usó un minuto entero, un eterno minuto para tejer qué decir y luego, lanzó la red :
―En fin Luciana,
hay un remedio que podría funcionar… pero es milagreiro y antiguo, muy antiguo,
además sólo habría de valer si usted lo aplicase al pie de la letra…
―¿Cuál es?, ¿cuál
es ese bendito remedio? ― contestó
Luciana con lágrimas en los ojos―, le
juro doctor que yo por esta vaca hago lo que haga falta, es como de la familia,
nació en la última legislatura de don Manuel Fraga, Dios lo tenga en la gloria;
fíjese doctor, en esta mancha negra que tiene en la cabeza, dígame si no es
talmente un Sagrado Corazón…
Mientras Luciana hablaba, el veterinario notó como una
mosca pegajosa, que hacía un buen rato andaba zureando por la cuadra, se le posaba
en la nariz, pero muy profesional la dejó hacer: inquietarse por unas
cosquillas de nada delante del cliente y de la vaca rompería la confianza
necesaria para que el antiguo remedio funcionase. La mosca, parada en el
apéndice nasal de don Isabelo, con esas cortas entendederas que la naturaleza dio
a los dípteros, pensó: extraño animal este que, estando vivo, ni sacude, ni
retiembla, ni me espanta…
―Mire, Luciana,
se trata del viejo remedio de las babas ―
confesó el veterinario.
―¿Las babas?, no
conozco tal ungüento doctor ―respondió
Luciana.
―Sí, las babas
del propio animal pueden sanarlo
―completó Noblejas―; está comprobado que lo similar se cura con lo
similar, simila similibus curantur, un ancestral principio hipocrático; y como es notorio y evidente que este animal, al perder vida, babea... podemos entonces
intentar sanarlo con sus propias babas. Es lo único que podemos hacer, y no le
garantizo nada…
―Pues mande
usted, doctor ―afirmó resuelta la
dueña del animal.
―Bien, Luciana,
no se olvide de ninguno de los pasos que voy a indicarle porque este remedio es
mágico y solo puede intentarse una vez.
―Diga don
Isabelo, ¡tomo nota! ―dispuso Luciana, libreta en mano.
―Pues bien,
Luciana ―empezó a recetar el doctor―:
Hágase usted con una tina, balde o caldero cualquiera, un cubo de zinc nos
vendría muy bien, pero no lo limpie mucho ya que el óxido tiene propiedades
anti-bacterianas… Llénelo hasta la mitad
con agua tibia, introduzca luego dos kilos de maíz, medio de harina de trigo,
un cuartillo de salvado y media pequeña bien picada; revuelva bien la mixtura y
haga que la vaca la coma. Usted debe estar presente, Luciana, porque no debe
dejar que la vaca relama el fondo, el animalito en ningún caso debe comerse sus
propias babas, esto sería fatal; aparte entonces el cubo, recoja a dos manos
los restos de babas y comida que quedaron y se los pasa usted a la
vaca por encima, desde la cruz hasta el rabo, a contrapelo, masajeando y restregando bien el mágico ungüento, mientras le canta algo; las canciones populares
van muy bien, aquella de tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera,
me da leche merengada, hay que vaca tan salada, tolón-tolón, tilín-tilín,
podría servir perfectamente. Repetirá este complicado proceso tres veces al día.
―Haré todo como usted me dijo, lo prometo doctor, pero
mire una cosa, ¿he de estar presente todo el día aquí en la cuadra? ―preguntó Luciana.
―No, no es necesario: entre toma y toma llévela al prado y deje que paste tranquila ―respondió el veterinario cuando ya salía del establo.
En solo una semana la vaca había sanado.
Toda comunicación porta en su interior alguna intención consciente o inconsciente; no hay pues comunicación aséptica o dicho de otro modo, no existe el altruismo en comunicación… aunque consuela pensar que un buen fin justificó el medio usado por nuestro veterinario… ¿El marco puede cambiar el cuadro? Parece que sí; porque un marco puede ser discreto, otro eclipsar a la obra, otro engrandecerla… pero un mensaje no debería ser presentado desnudo, como viuda ofrenda al sol: para que un lienzo luzca, debe llevar marco. Al poco de entrar en la cuadra, don Isabelo ya había establecido un diagnóstico: desnutrición severa. Pero don Isabelo Noblejas descartó emplear ese marco lógico: «No me extraña, Luciana, esta vaca está desnutrida… denle bien de comer y no me llamen para tonterías»; con ese marco Luciana jamás hubiese comprado el cuadro…
lunes, 28 de agosto de 2023
Misteriosa ABDUCCIÓN en el AULA
Al día
siguiente dos pájaros de brigada de asuntos UFO del Ministerio de Defensa
interrogaban a Paquita, la única alumna que al parecer presenció la misteriosa
abducción de una profesora en el aula:
―Doña Paquita,
buenos días, yo soy Bird ONE y éste es mi compañero, Bird TWO. Usted sabe que
cualquier cosa que diga podría ser utilizada en su contra… bla-bla-bla. Procedo entonces a
dar lectura a la declaración hecha por
usted el día de autos:
«La docente llevaría
unos noventa minutos hablando cuando fue chupada por la luz del cañón de
proyección; aún estaba en la introducción del tema, gestión de RRHH, cuando fue
embebida por la luz, lo juro ―recuerde Paquita, que usted lo juró…―, juro que se desvaneció del aula y apareció proyectada en
la pantalla, dentro de su propio Power Point.
Casi nadie pudo ser consciente del prodigio pues hacía mucho tiempo que todo el
alumnado simulaba vida consciente: nuestra atención estaba en stand by, adormecida por el run run de la docente al leer, sin altos ni bajos y con cirujana precisión, aquel Power Point tan lleno de letras. Cuando fue abducida
por la luz, iría, calculo yo, por la transparencia número ochenta que llevaba
por título algo así como: aspectos
deontológicos, éticos y morales del dinosaurio promedio del cretácico, en ausencia
de recursos humanos… Lo curioso es que cuando la profesora fue sorbida por
el cónico rayo de luz del cañón no se percató de su
cambio de estado; seguía leyendo sus transparencias como si nada hubiera
pasado, pero ya no lo hacía en el aula, sino dentro de la pantalla. La tarima estaba vacía».
Bird ONE, lanzó la primera pregunta:
―¿Usted
presenció, doña Paquita, el momento justo en que la docente desaparece del aula,
entra en la luz del cañón de proyección y aparece en la pantalla?
―No exactamente ―respondió dudosa Paquita―, el ambiente era tan, tan qué le diría yo, tan soporífero, tan hipnótico… que no puedo afirmar tal cosa. Fue algo parecido a cuando un mago le hace a una truco y una no se entera ¿me explico? o como cuando le birlan a una la cartera en el metro y una se da cuenta al llegar a casa. No sé… quizá no pude ver el instante exacto de la aspiración porque éste me cuadró con un parpadeo en fase off, pero estoy segura de que sucedió…
―Y dígame,
Paquita ―interrumpió Bird TWO ―, cuando la docente apareció en la
pantalla ¿les miraba a ustedes desde allí? ¿Portaba acaso gafas de sol? porque reconocerá usted que nadie puede soportar esa luz directa en los
ojos…
―No, querido,
no portaba gafas de sol, ni las necesitaría
―respondió Paquita mosqueada―
porque la profesora nunca miró al alumnado, ni antes, ni después de la
chupación: ella seguía leyendo el su Power
Point dentro de la pantalla en un
plano americano en el que se la veía señalar a otra pantalla dentro de la cual
había otra pantalla más pequeña con otra profesora como ella, pero más pequeña
señalando a otra pantallita más chica…
―Gracias, Paquita ―cortó con elegancia Bird ONE―, ya nos hacemos una idea de lo que usted estaba viendo. Pero díganos ahora, ¿qué hizo usted entonces?
―Se lo
diré ―se arrancó Paquita ahora con
energía―: mis compañeros estaban un poco mosqueados mirándose unos a otros,
pero el verdadero pánico empezó a cundir cuando de pronto se fundió la luz del
cañón: ahora el aula estaba casi a oscuras y la docente ya no estaba ni aquí, ni allá
¿me entienden?… solo sonaba una vocecilla como enlatada encima de la mesa
reservada a la docencia, aquel sonido procedía de su propio ordenador portátil…
―¿Y qué hizo
usted entonces? ―sondeó Bird ONE con
real interés: el curso del relato de Paquita le había hecho olvidar durante una fracción
de segundo las insoportables ganas de fumar que cargaba desde antes de
nacer―. Paquita respondió:
―Salté de mi
silla y me dirigí al escritorio para mirar si ella estaba ahora en la
pantallita del portátil, supuse esto pues en ese momento aquella era la única fuente
de luz visible en el aula, y efectivamente: ahí estaba la docente como si tal
cosa, parolando dentro de la pantalla de su portátil; al verme tan cerca me
dijo: «¿quiere usted algo?». Yo le respondí: «nada-nada, profesora, es que soy algo miope».
Le mentí, les confieso mi pecado, pero solo fue para no sobresaltarla pues la pobre estaba ahí dando la clase, tan pancha… Miren, dejando la desgracia a un lado, daba gusto
verla porque dentro de su pantallita actuaba de un modo más resuelto y confiado;
supongo yo que por la zona de confort que le comportaba el hecho de residir físicamente
dentro de su propio ordenador…
―¿Y entonces? ―interrumpió Bird TWO.
―¡Entonces tomé
las riendas! ― prosiguió Paquita― Yo tenía muy fresco un curso de primeros auxilios que había hecho en la Cruz
Roja y recordé de éste una enseñanza muy buena: en situaciones de crisis
conviene encapsular la situación apartando a los mirones de la escena … Bueno, qué
les voy a contar yo a ustedes que andan a diario en el rocanrol…
―Vaya al
grano, por favor ―volvió a interrumpir
Bird TWO (Más tarde, en el pub de enfrente, su compañero Bird ONE le refrescaría lo que al parecer había olvidado de la formación policial
básica: resulta estúpido abrir la boca en momentos calientes: justo cuando el
reo empieza, sí, cuando empieza a vomitar…).
―Pues eso, tomé las riendas: mandé con tono suavón a todos al descanso, eso nunca
falla en los cursos, y desalojaron en cero
dos. Una vez ahuecaron, yo fui a buscar a los de mantenimiento informático; los hallé en recepción y ¡ale! que me
acompañaron al aula, eso sí, partiéndose la goma: ese gremio es tan prepotente como el de ustedes... disculpen, pero es que ustedes tampoco se creen nada hasta que lo ven con sus propios
ojos. Al principio esos dos creían que la docente estaba en Málaga impartiendo una
videoconferencia online ―ellos decían webinar―
pero enseguida cayeron en la cuenta de que dicha modalidad carece de sentido
en un curso presencial… entonces hicieron lo de siempre: resetearon el equipo. Pobre
profesora, yo creí que la perdíamos, pero al iniciarse de nuevo la sesión, ahí
seguía ella dándole que te pego al Power
Point. Total que uno de ellos, el más mayor, en vista de que la profesora no debía pesar más de un giga, propuso la opción de sacarla de su portátil pasándola a una memoria externa, vamos, a un pequeño pendrive; pero el otro, más jovencito, enseguida
abortó la maniobra afirmando que se trataría de un micro-machismo… Total que empezaron a hablar de lenguajes de programación: el más viejo,
al parecer entendía un poquito de COBOL… Lo último que les oí es que iban a generar
una carpeta en el escritorio para meter dentro a la docente y luego mandarla desde allí a la impresora 3D; pero rechazaron también esa opción pues no
tenían, conforme a la LOPDGDD, la preceptiva autorización firmada por la docente para trastear en su equipo. Total que el más experto, después de hurgar en su propio móvil,
hizo que éste sonase y dijo que tenían una llamada muy urgente. Se piraron. Yo no sabía que hacer allí sola, pero recordé del curso de primeros auxilios de la Cruz Roja otra
enseñanza muy valiosa: abrir líneas de
comunicación con enfoque centrado en la persona... y me puse manos a la obra, no
se podía perder nada…
Me dirigí a mi asiento, la docente seguía hablando en su ordenador y yo, como quien no quiere la cosa empecé a hacerle desde allí las típicas preguntas de alumna interesada en la lección: Profesora, disculpe, entonces ¿los RRHH no existían en el cretácico, verdad? Y, deduzco de sus palabras que aún así, los dinosaurios ya poseían cierta ética naciente? Pero, en cualquier caso, profesora ¿es cierto que todos los seres vivos provenimos de las arqueas? Gracias a mi fingido interés, ella iba respondiendo a estas y otras preguntas y en esto el cañón empezó a funcionar, pero allí no estaba ni la profe ni su presentación: en la esquina inferior de aquella pantalla de color azul brillante podía leerse en letra pequeña ERROR DE CONEXIÓN. Entonces la profesora entrando por la misma luz por la que había marchado, pero en sentido inverso, se hizo forma en la tarima, es decir, regresó viva al aula. Se conoce que el feedback con esta alumna que ahora habla con ustedes, fue clave esencial para su regreso. A mí me cayeron dos lagrimones pues ella, al no poder monolgar con su Power Point, tuvo que hacerlo en directo conmigo… Incluso me preguntó: «¿Y los demás». «Vienen ahora ―le respondí―, fueron al baño». «¿Juntos?», dijo la pobrecilla. «Café para dos», le respondí yo.
Se hizo un
silencio, la interrogada al parecer se había vaciado. Bird ONE, para poner el
remache, preguntó:
―Gracias,
Paquita ¿desea añadir algo más?
―Sí, un
pequeño detalle, la docente antes de la absorción portaba un vestidito muy mono
estampado con flores de cerezo…
―¿Y ese
detallito aporta algo sustantivo a los hechos?
―no pudo aguantarse Bird TWO...
―Pues mire usted, y tanto: cuando la docente regresó al aula, en su vestido no había flores estampadas, sino cerezas, y bien gordas. Se conoce que el calorcillo del RGB de la pantalla, produjo la maduración.
Dinámica: Razonamiento espacial
PREGUNTA-RETO
Practicando solo 3 cortes consiga 8 raciones de tortilla exactamente
iguales
Tema: Inteligencia general / Subtema:
Razonamiento espacial
PISTAS: Planos anatómicos / Rellenar un
bizcocho
Objetivo de este PICOTEO: «Practicar
habilidades de razonamiento espacial»
NOTA: Un picoteo es solo una incursión rápida en la red que no debería ocuparle más de 10 minutos (si le interesa el tema, ya profundizará más adelante…)
miércoles, 23 de agosto de 2023
Dinámica: Empatía
PREGUNTA-RETO
Vaya cambiando de lugar alrededor de esta mesa y DIGA QUÉ VE
Tema: Comunicación / Subtema:
Habilidades sociales: EMPATÍA
PISTAS: Definición de empatía (RAE) / Giacomo
Rizzolatti: neuronas espejo
Objetivo de este PICOTEO: «Comprender
de modo práctico el significado de empatía»
NOTA: Un picoteo es solo una incursión rápida en la red que no debería ocuparle más de 10 minutos (si le interesa el tema, ya profundizará más adelante…)
martes, 22 de agosto de 2023
TIP ORAT.: Power Point... no, thanks
Puedo imaginar a Mercedes Sosa en el escenario, puedo imaginar también como ―a la vez que canta «Como la cigarra»― a sus espaldas una gran pantalla reproduce un psicodélico vídeo que parece seguir la música… Puedo imaginarlo, pero no me gusta: no acabo de ver al la Sosa en Eurovisión…
La buena presentación gráfica se se basa imágenes, apenas carga texto y cumple más o menos la Regla 10-20-30 de Gay Kawasaki (regla de máximos: 10 transparencias, 20 minutos y 30 tamaño de la fuente); la mala presentación es una infame sopa de letras que confunde más al nervioso autor que a su compasivo público. Pero ambas, la buena y la mala, interfieren con el discurso; la una por eclipsarlo, la otra por cargárselo. Todos los especialistas coinciden en que una presentación gráfica cuanto más corta, mejor. Pues adelante: la presentación más corta es aquella que no existe, ¿el monte más bajo no será acaso una llanura? ¿No será quizá el silencio el mensaje más corto?
Si acierta McLuhan:
el medio es el mensaje, entonces ¿qué pinta ahí quien lo creó? Si tan buena es una presentación que ya
habla por sí misma ¿para qué estropearla contándola? «Si la película era tan
buena como me dijiste, déjame verla y no me jodas más, Pasucal, radiándomela desde la
butaca de al lado».
Para encarar ponencias en congresos o defender trabajos de fin de lo que sea ante un tribunal conviene adaptar el discurso antes de cada función: el público nunca será el mismo. Conviene también ir adaptándolo a lo largo de una misma función, bien porque el público no era el esperado, bien porque el formando ha de cambiar a lo largo de la ponencia: si éste sale igual que entró ¿a qué el discurso?, ¿a qué el orador? Para encarar ponencias, además, no se necesitan más medios que voz, actitud y memoria… Así debiera ser aún a riesgo de perder algunos puntos en la encuesta: P: ¿El/la ponente utilizó medios tecnológicos? R: «No, no puso un puto Power Point…». Pongamos entonces las cosas en su sitio: si mi presentación gráfica es tan buena, a ¿a qué voy yo?, si es regulona ¿por qué la proyecto? Yo soy el sujeto, la presentación es el objeto...
La utilización de medios tecnológicos en los que se apoya la docencia para impartir sus clases, cuando no resta, apenas suma un 5% en los resultados del proceso de enseñanza-aprendizaje pues, a mi parecer, el 80% del tiempo en una clase debería ser reservado al alumnado, a la práctica. Pongamos entonces a las presentaciones gráficas en su lugar: son un buen mapa para guiar una clase, un excelente medio para que trabaje el alumnado, para que éste exponga los resultados de un determinado trabajo en equipo. El Power Point es para novatos: un inmejorable gimnasio para muscular competencias sociales, comunicativas, tecnológicas, artísticas…, una excelente herramienta para aprender a aprender; pero no, no veo a Paulo Freire ni a Concepción Arenal delante de un Power Point. Pericles hoy en día no gastaría Power Point, Cicerón tampoco; Demóstenes, entre todos el mejor, no usaría hoy un simulador de voz para ocultar su disfemia, la llevaría a gala o volvería al asunto de practicar con ecológicos guijarros dentro de la boca... Que me llamen declinista, lo prefiero a ser esnob: es posible representar un buen discurso encima de una caja de cerveza. Si orador y discurso son uno ¿por qué disociarlos?
Por tanto: sí rotundo a las presentaciones cuando la docencia no está, sí a su uso por parte del alumnado, sí como apoyo a la diversidad, sí como recurso-objeto de aprendizaje en la red. No, por favor, no a las presentaciones cuando el discurso sea bueno pues no quedarán más cojones que cerrar los ojos para poder disfrutarlo. Hay más colores dentro cerebro humano que en el espectro visible en una pantalla de proyección. Las palabras pintan el aire del color que quiere cada oyente.
―Enhorabuena por su presentación ―alguien dijo al ponente al finalizar la
sesión.
―Y mi discurso, ¿le ha gustado? ―respondió éste con sarcasmo...
lunes, 21 de agosto de 2023
Podría ser peor... (By: J.G. Igleisas)
Podría ser peor
La maldita caldera, como siempre, tiraba
a matar. El agua salía hirviendo o candente, a elegir. Acercarse al grifo era
como nadar en magma. Sólo podía intentarlo dando saltitos hacia adelante y
hacia atrás sobre la resbaladiza bañera. Al cuarto intento, con un agradable
cosquilleo en la nuca, comprobó que el agua se había puesto de repente a la
temperatura perfecta. ¡Genial! ―pensó ―, por fin un día que comienza bien.
Tras un baño extrañamente agradable escuchó cómo llamaban a la
puerta.
―Hola Paco. ¿Qué me traes hoy? ―le dijo al cartero.
―Hola Pedro. Pues… te traigo una certificada de Hacienda. Ya lo
siento. Si no quieres recogerla me hago el longui. Como tú veas…
―No, no, deja. Total, como no me embarguen la maldita caldera
ya no sé qué más me pueden quitar.
Pedro recogió la carta y fue a sentarse al desvencijado sofá
esperándose lo peor. Pero resultó que le iban a devolver tres mil lereles por un
nosequé complementario de hacía tres años. ―Ya era hora de tener un poco de
suerte ―pensó sonriente.
Salió a la calle. Vivía en un mugriento y cochambroso arrabal.
Normalmente no había ni gatos. Las enormes ratas acababan con todos. Pero ese
día las aceras parecían nuevas y los coches estaban impecables, y hasta un
pedazo de palo plantado en el suelo que pretendía ser un árbol había florecido.
Además, lucía un sol de verano pese a estar a primeros de enero. Y, para colmo,
la gente estaba súper amable. Se saludaban cordialmente entre ellos, con
sonrisas y ademanes de afecto. En veinte metros lo habían saludado cinco veces.
Alucinante...
Siguió caminando, perplejo, y al doblar la esquina se encontró
un fajo de billetes de cincuenta euros. Pero fajo fajo. A ojo de buen sisero no
bajaba de los cinco mil. Se agachó cual relámpago a recogerlo y, con el fajo ya
en la mano, por el rabillo del ojo vio acercándose por la derecha a su
pesadilla diaria: Romerales, el madero. ―Ya decía yo que esto iba demasiado
bien… ―suspiró mentalmente.
―¡Hombre, Pedro! Qué agradable sorpresa. ¿Qué has encontrado
ahí? ¡Collóns! ¡Menudo fajo de billetes! ―dijo el policía.
―Pues… sí, señor Romerales. Y mire que… precisamente lo estaba
yo buscando a usted para entregárselos. Que Dios me libre… no quiero líos, ya
lo sabe.
―¡Boh! Anda… no me jodas, Pedriño. Guárdate eso, que te vendrá
bien. Fijo que son de algún camello de por aquí y hasta le haces un favor al
barrio quedándotelo. Tú chitón y aquí no ha pasado nada. Ale. ¡Que tengas un
buen día!
Y Pedro se quedó con la palabra en la boca y cinco mil euros
―ocho mil con lo de Hacienda― más rico. ―No te hagas ilusiones, Pedro ―pensó ―.
Esto es muy raro, pero verás cómo en el SEPE todo vuelve a la normalidad. Y
hacia allí encaminó sus pasos.
Cuando llegó se dio cuenta que la palabra raro se le hacía poco. Para empezar, en el SEPE no había cola. Lo cual le extrañó más que lo de Hacienda y el policía juntos. Hasta el guardia de seguridad lo saludó con un cordial «Buenos días, Don Pedro». Raro. Muy raro todo. Entró.
―¡Pedro! ¡Qué alegría verte por aquí! Te iba a llamar ahora mismo ―le dijo María, la funcionaria más guapa de la oficina.
Pedro ya empezaba a mosquearse. A ver, que ni tan poco ni tanto.
Que aquel día estupendo tenía que empezar a frenar un poco: sí o sí. Así que,
temiéndose lo peor, se acercó a la mesa de María.
―¿Ves aquella puerta blanca del fondo? ―le dijo María con su sonrisa más picarona―. Entra sin llamar, te están esperando. Y enhorabuena, ¡me alegro un montón por ti! Luego nos tomamos un café y lo celebramos. ¿Te parece, guapetón?
Pedro que se va hacia la puerta blanca del fondo, noqueado por los ojos verdes de María. Pedro que, de repente, nota una humedad extraña en los pies y vuelve a sentir en la nuca el cosquilleo de la ducha de esta mañana. Pedro que empieza a preguntarse si el cosquilleo no sería en realidad una buena hostia contra el canto de la bañera. Pedro que abre la puerta y empieza a ver todo blanco y, al fondo, sobre una vaporosa escalinata una figura de manto y barba blanca le saluda con la mano al tiempo que le dice: ¡Tocayo!
Javier García Iglesias
O Temple, 2023
domingo, 20 de agosto de 2023
Dinámica: Igualdad
PREGUNTA-RETO
Resuelva el ENIGMA (Sin prisa…)
Tema: Igualdad / Subtema: Lenguaje
PISTA: Lorenzo Arribas, J.M. (2007). «El hermano de Pérez». Rinconete (Centro Virtual Cervantes), https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/
Objetivo de este PICOTEO: «Reflexionar acerca del uso no sexista del lenguaje»
NOTA: Un picoteo es solo una incursión rápida en la red que no debería ocuparle más de 10 minutos (si le interesa el tema, ya profundizará más adelante…)








