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domingo, 24 de mayo de 2026

Cipolla en estúpido sainete

 

A un señor muy beat más Connery que Pitt, por escaso de pelo— esto fue lo que pasó; no es camelo: teniéndola por barbería, en una librería entró; aquel letrero decía: Librería RIZO, «Purasangre al Rucio hizo».

Buenos días, si cabe dijo a la librera teniéndola por barbera. ¿Podría usted cortarme el pelo al uno? Se me cae en grado sumo, ¿sabe? No se azore con este cliente, peluquera, que será paciente si hay espera.

Y esperó un rato; pero al verse de tantos libros rodeado, de la burra cayó pronto:

—¡Hurra, tonto! ¡Heme equivocado! ¿Y si mi alopecia incipiente fuera o fuese cosa de la mente? Ande y dígame usted, joven sesuda: ¿en qué pasillo está la sección de autoayuda?

                —Aquí no hay tal sección —respondió la librera—, y si la hubiera, en ella no hallaría solución. No tenga por improperios lo que no son tales, pero el pasillo para sus males no está fuera, ¡rediós!, sino entre los hemisferios cerebrales que dividen su mollera en dos.

                En sus ojos rojos artimaña vento, señorita mía; oiga con tiento esta pendencia y della no se ría: ¿es suya tan bella y tamaña inteligencia o será usted una IA?

                La veldad sobre mí, caballero, le será dada, pero antes saber quiero, si la prefiere cruda o de humor aderezada. Y si ambas clases quiere, la que mola y la que hiere, ¿cuál primero?

                —Ambas, jovencita, y el orden elija ligero…

Pues con cante jondo respondo pronta: ninfa de grifo soy —no de fondo—, mi nombre es Fonta. Si ninfa fuese de botella, Fanta sería, la bella. No soy IA, sino náyade presa en cañería —ojos rojos del agua clorada son— que salir ansiaba al son de un sainete por bidé de guitarra y al fin salió por sucio retrete, un tanto guarra.

»La verdad vea ahora sin ánima: mi nombre es Fátima, aquí me ve; haciendo las prácticas de FP. Ojos rojos de tanto libro leer son.

»Caballero, no hay don: ni ninfa, ni musa, ni bruja, ni de Freixenet burbuja. Tosca cosa; masa sosa sin sabor soy: árbol sin fruta, rosa de enero, auto sin ruta… La verdad es puta, compañero.

—¡La fruta prefiero! —respondió el cliente—. Fonta del grifo salida: si he de conducir mi vida, dígame, ¿qué libro quiero?

¡Está usted en Librería RIZO, bípedo implume! ¡En el templo de la papelidad! Trepe a los estantes y escoja usted mismo una historia: policías blandiendo salchichón en vez de porra, banqueros sin VISA pasando la gorra, ejecutivos sin prisa, templo sin dioses, paredes de estuco, baraja sin doses, relojes de cuco —chas-chas-chas—. ¡Temple usted mismo su sino!

—Soy simple comino y usted alada diosa: mágica mariposa ¡Indíqueme el camino! ¡Prescríbame un libro!, luciérnaga luminosa.

Estas alabanzas ablandaron a la ninfa fontanera, que así habló y de esta manera:

Mire aquel, es puro alpiste —dijo Fonta cogiéndolo del anaquel al despiste—; Neuronas al Gimnasio, se llama; de un tal Gervasio Sintrama; o lo odia, o lo ama. Pinta mal: de mente y cuerpo trata el manual. ¿Desta trufa —chas-chas-chas— podría usted hacer sinopsis bufa?

—¿Un resumen hacer al tuntún, sin el volumen leer aún?: línea roja.

—Común cacumen el suyo se me antoja… ¿Su nombre?

—¿Me habla?

—Le hablo; su nombre pido.

—Pablo soy, Pablo Bellido.

—Soso sello el suyo es… Pues si Bellido sin vello no puede opinar, en nombre de librería Rizo, yo lo rebautizo como Rodolfo Silvar.

—¿Rodolfo?

—Silvar, un golfo.

—Y así, engolfado, ¿retórico ripio de ese librejo haré supone?

—Ahí le ha dado, viejo: me pone…

Mens sana in corpore sano. ¿Suena a rutina?

A guano huele y naftalina; a flema de higo. Oiga mi lema, amigo: Salud extrema garantiza esta lectura, a los ciento y más llegará si sus trescientas páginas apura.

—Pero al final moriría —chas-chas-chas—aunque quinientas tuviera.

—¡Touché!, quizá muriera…

—¿Para que tragarme entonces el tostón?

Para morir románticamente, de cáncer de bastón. Vamos este con otro: El desastre de Annual. ¡Póngale bemoles!

—A merced de los buitres, diez mil sodados españoles. ¿Qué tal? ¿Oportuno?

Annual, año veintiuno; verdad fría; escuche la mía: Los muertos eran tan abundantes, que los buitres sólo se comían a los comandantes.

Pablo Bellido —hombre de principios— ofensa de Fonta vio en los ripios; la muerte no es cosa tonta, sostuvo. Y cogiendo el libro más gordo que pudo, 1965 - Guía Telefónica de Madrid, a la ninfa puso este ardid:

—Genial deidad de las tuberías, sílfide imprudente: broma decente haga de esto, ¡Juegue, valiente! Salga del tiesto…

—Cierre los ojos y señale un abonado al azar en la guía —respondió Fonta—. Haga su apuesta.

—Carlo María… ¿le presta?

—Llame y encesta; lo tiene a huevo…

—Es un fijo, pasaron los años, no me atrevo.

—No sea pijo. ¡Redaños, que es un juego!

Y el golfo EGO de Rodolfo al LEGO jugó. Tres tonos sonaron, alguien descolgó:

—¿Diga? —respondió una voz con desapego.

—¿Con quién hablo? —preguntó Rodolfo luego.

—Carlo María Cipolla al aparato. ¿Con quién tengo el gusto?

Rodolfo colgó del susto:

—Esto ha sido indecente, qué mal rato…

—Fin del trato, inocente —repuso la ninfa—. Pazguato, no se lamente, que la guía solo es puente, frontera no más, un enlace covalente que nos lleva —chas-chas-chas— a este librito solvente: Allegro ma non troppo.

»Un vistazo eche, es cortito: condensada leche salida del coco de Carlo María Cipolla; nace la rima al poco en la olla cantada, pero decirle siento que cipolla en español, es cebolla de ensalada.

»Historia de la Economía era el rol de este italiano de Pavía. La primera parte del librito argumenta que el comercio de la pimienta enriquece a Europa; barcos de especias cargaban la popa…

—Aburrida esa sopa que a la guía emula —Rodolfo cortó.

Active su glándula gandula, pequeña alma errante y cariñosa, animula vagula blandula, no tenga prisa —chas-chas-chas— que la segunda parte de la risa es arte y no es cayo, sino de la estupidez humana ensayo, y de la gente tonta el latido. Quizá sea estúpido usted —dijo Fonta— y nunca lo haya sabido.

—¿Juicio introspectivo podría hacer quien a otros apresura juzgar? Su pellejo jamás en el espejo verá ese quien. Pues bien: la humana mollera —¡oj!— es más dura que madera de boj.

Mire entonces su reloj —Fonta repuso—:

»De 9 a 12 estaría el INCAUTO: tiene por oficio el sacrificio. Cede el auto y vuelve a pie. Pasa frío por prestar su abrigo. ¡Buen amigo! No conoce el mal: regala su entrada de Bisbal. Resta de sí y el mundo suma pi.

»De 12 a 3 el INTELIGENTE: beneficia a los demás beneficiándose él. El win, win tiene por casa. Puente hace sobre el que la gente pasa; suma el mundo y suma él.

»De 3 a 6, el MALVADO mora: él suma y al mundo ignora. Por ganar, roba y pobres deja; es pirata: mata, despelleja. Su lema: ¡Por mi Rolex, que yo gano y tú te jodes!

»De 6 a 9, el ESTÚPIDO:  rompe el puente y cae con él. Pega coz y el pie fractura. Más peligro trae que el malo —chas -chas-chas—, uno no sabe cuando de él viene el palo. Un horror: pierde el mundo, resta él, —Syntax Error—; ¿¡por qué!?

—¡Son de peso esos cuadrantes! —observó Silvar—. ¡Lástima no conocerlos antes! Hacia las seis, abajo: dientes del lobo y del burro coces. Hacia las doce, regalo del bobo y del inteligente, maña. ¿Arriba está España?

—¡A facha suena! —respondió la ninfa— Si suelta esa melena, será cancelado, que ya dijo don Machado: Españolito que vienes… Males hay en esta viña, con bienes mezclados: bobos, listos, tontos, malos, saña, tiña, fiesta, riña, siesta y corazones helados.

—Perdón —Dijo Rodolfo

—Si perdón pide, de las diez y media tiene don. Del malo conoce el mal, cuatro y media es su antagonista diagonal, pero al estúpido despista y este se mueve por debajo de las nueve.

—Si tarde el buey conocerá el filo y su hora, ¿qué ley podría darle asilo ahora? —Rodolfo preguntó.

—No hay una ley sola: Cipolla de la estupidez humana escribió cinco —contestó Fonta—. Se las resumo de un brinco y sin hinco entre nalgas. Para ello necesito invocar a un coro de cinco musas de las aguas, mojadas, graciosas y envueltas en algas —y rozando con el envés de sus mórficos dedos, del cogote de Rodolfo los pelos tocó, y este, ¡ah!, a los cielos subió...

Fonta, voz solemne —Rodolfo inerme— gráciles alas movió y con dos sonoras palmadas, a las musas llamó:

FONTA:

¡Musas al salón!

Cinco quiero

a formar mi coro

Pues la estupidez humana

hoy analizo y deploro

 

MUSAS:

¡Henos aquí Fonta!

En el foro invicto

dispuestas a coro cantar

Las cinco leyes

de Cipolla su edicto

 

FONTA: En número, el estúpido es legión

CORO: ¡Enjambre de moscas, LA UNO!

 

FONTA: Es rasgo ajeno a toda condición

CORO: ¡Cosa de virus, LA DOS!

 

FONTA: Apuñala al común y el propio vientre raja

CORO: ¡Con puñal y al bies, LA TRES!

 

FONTA: Del estúpido, el sensato es ciego al teatro

CORO: ¡Alerta inservible, LA CUATRO!

 

FONTA: Es peor que el malvado en su acción

CORO: LA CINCO; ¡el malo descansa, él no!

 

Rodolfo Silvar, hipnotizado se levanta y rompe a hablar:

—No quiero al sabio Cipolla enmendar la plana, pero de mi magín emana una ley sexta.

FONTA Y CORO: ¡Venga al fin la más funesta!

RODOLFO: El estúpido no sabe que lo es.

FONTA Y CORO: ¡En el espejo el tonto al tonto no ve! LA SEXTA

            —¿No hay más? —Preguntó Rodolfo a Fonta.

—¡Chas-chas-chas! —Fonta entregó el librito a Rodolfo.

—Útil manual ¿cuánto vale?

—Eso da igual, se lo presto, ¡ale!

—¿Y si no vuelvo más? —Chas-chas-chas.

—Si con celo el Cebolla no me devuelve, esto me huelo: ¡de la olla le caerá todo pelo! Ande, si es que algo valgo, no sea canelo, pregúnteme a qué hora salgo.

¿A qué hora sale…?

—¿Ronca usted, caballero? —Chas-chas-chas.

—¿A qué hora sale? ¿No ha oido?

—Ya le vale, ¡salido!

—Disculpe, no había terminado… ¿A qué hora sale el sol en el mar?

—Tiene un tiro en la nuca, hágaselo mirar —¡Chas-chas-chas! (CALLA LA TIJERA).

miércoles, 6 de mayo de 2026

La Vantana de JOHARI

 

Sato Johari lo entendió todo mirando la ventana, no mirando a través de ella, sino mirando la ventana en sí misma, mirándola con la mirada del carpintero que la parió…

Aquella ventana era sencilla, formaba un cuadrado de cuatro cristalitos, dos arriba y dos abajo…

Cristal 1, ICHI (), arriba a la izquierda: ahí está —dio en pensar Sato Johari—, ahí está lo que yo sé de mí misma y los demás también saben de mí, lo que no me avergüenza, lo que yo doy a conocer de mí a los cuatro vientos, ahí está mi área pública.

Cristal 3: SAN (), arriba a la derecha:  ahí estaría lo yo no sé de mí misma y los demás sí saben, lo que sin querer doy a entender, el cómo me ven sin yo quererlo, aquello que los demás, por tener la fiesta en paz, no se atreven a decirme, esta sería mi área ciega.

Cristal 2, NI (), abajo a la izquierda: he ahí lo que yo sé de mí misma y los demás desconocen, aquello que conscientemente oculto, lo que estúpidamente me azora, lo que avergüenza, mi área oculta.

Cristal 4: YON (), abajo a la derecha: éste último cristalito —reflexionó Sato Johari—contiene aquello yo no conozco de mí y los demás tampoco conocen; mi área desconocida, instintos, pasiones y otros gatos confinados, sabe dios por qué, en la caja de mi cerebro…

¡Eureka! —concluyó la Johari—: los cuatro cristales están divididos por una cruz, de modo y manera que si el cristal 1 se agranda, los demás cristales, empujados hacia abajo y a la derecha por la cruceta, no pueden más que empequeñecer. Para ello tengo que decirlo todo sin ocultar nada y pedir a los demás que opinen sobre mí, que me lo digan todo pues eso no les costará mi amistad. Hoy mismo subsituiré el mantra: On Abira Un Ken de mis rezos, por otro más vibrante aún: A mamar, todo el mundo a mamar, a mamarr, a mamarrr. Si a nadie importa lo que yo diga, si a nadie importa lo que yo haga; haré y diré, cariñosamente, lo que me dé la gana.

Sato Johari entendió todo esto mirando la ventana, sin mirar a través de ella, porque mirando un compás se puede entender la distancia, mirando una foto se puede entender el tiempo, mirando una cuchara se puede entender la vida, mirando un gatillo se puede entender la muerte…

 

NOTA: Si ustedes oyen decir que Sato Johari no existe, que es una invención, por favor, no hagan caso. Si algún tonto les dice que La Ventana de JOHARI es una herramienta cognitiva creada en los años cincuenta por dos psicólogos norteamericanos: Joseph Luft y Harry Ingham, y que JOHARI no es otra cosa que el acrónimo formado por las primeras letras de sus nombres, no le escuchen: no hay nada más lejos de la fantasía que tal razón. Tómense tiempo y miren a la manera nipona, concentrada, tranquilizante y narcótica con la que, para entender el mundo, mira Sato Johari su ventana, agranden su ICHI y arrinconen su YON:  limpien con cariño sus inodoros, como hace Hirayama en Perfect Days. ¡Ah!, y no escuchen nunca más a esa gente estúpida que disfruta reventando trucos de magia, esos matasueños que se pasan la vida desvelando evidencias, impugnando Reyes Magos… Pobre gente: ¡Cuánto daño hacen a los sueños quienes no saben soñar!