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domingo, 20 de agosto de 2023

Dinámica: Igualdad

PREGUNTA-RETO

Resuelva el ENIGMA (Sin prisa…)

Tema: Igualdad  / Subtema: Lenguaje

PISTA: Lorenzo Arribas, J.M. (2007). «El hermano de Pérez». Rinconete (Centro Virtual Cervantes), https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/

Objetivo de este PICOTEO: «Reflexionar acerca del uso no sexista del lenguaje»

NOTA: Un picoteo es solo una incursión rápida en la red que no debería ocuparle más de 10 minutos (si le interesa el tema, ya profundizará más adelante…)


sábado, 19 de agosto de 2023

Dinámica: Neurolingüística


PREGUNTA-RETO

¿Cuál de las figuras es ELENA y cuál ÁLEX?

Tema: Neurolingüística  / Subtema: Semiótica

PISTAS: Efecto bouba -kiki / Takete-baluba / Mariano Sigman / Filosofía del lenguaje / Sinestesia

Objetivo de este PICOTEO: «Comprender las bases neurológicas del simbolismo visual y sonoro».

NOTA: Un picoteo es solo una incursión rápida en la red que no debería ocuparle más de 10 minutos (si le interesa el tema, ya profundizará más adelante…)

viernes, 18 de agosto de 2023

Dinámica: Accesos oculares

PREGUNTA-RETO

¿Miente el de la izquierda, o miente el de la derecha?

Tema: Comunicación no verbal / Subtema: Accesos oculares

PISTAS: Bandler y Grinder / PNL / Las Meninas

Objetivo de este PICOTEO: «Detectar claves de verdad o falsedad en la mirada»

NOTA: Un picoteo es solo una incursión rápida en la red que no debería ocuparle más de 10 minutos (si le interesa el tema, ya profundizará más adelante...)

PARÁLISIS (By: Javier G. Iglesias)

                                           Análisis de la parálisis por análisis

Pues…

 

Javier García Iglesias

O Temple, 2023

 

P.S.: es mi récord de artículo más corto, no es que se haya borrado nada

jueves, 17 de agosto de 2023

La TORTÍCOLIS de la marioneta

     

Arrastro de la infancia el interés por las marionetas, pero me siguen dando una miaja de miedo: parecen tan reales… ¿Tienen conciencia esos enigmáticos bichos de su propia existencia? ¿Por qué no pueden mirar hacia arriba? Quizá lo único que tengan es tortícolis… Hoy recibí un bonito elogio de un individuo en toda regla pues él no tiene hilos, o quizá los rompió, un tipo tan orgulloso de sí como de no manejar a nadie: se llama Jose Luis Álvarez Gago (copio a continuación):

No hay nada como sentirse dueño, esto es, descubridor y domador, de los propios conocimientos. El llegar solo, a un puerto esperado (o inesperado) es el auténtico acto carnal de la inteligencia y la imaginación…

Te has marcado una gran frase, amigo Gago; mientras trato de entenderla en lo que a su significancia práctica se refiere, me consolaré con un pensamiento más cartesiano: Soy manejado, luego existo.

Gracias, amigo Gago, por estas palabras; no las entiendo del todo, pero me huelen a rock alternativo.

lunes, 14 de agosto de 2023

Docentes... ¿PARA QUÉ?

                                                   

    No hacía aún cinco años que el imperio inglés  ―partiéndola en dos―  abandonaba la India, cuando un doce de febrero de 1952 nacía en el nuevo país un hombre libre, tan libre que recién nacido, por sí mismo y sin ayuda  ―cosa singular―  bajaba atropelladamente las escaleras para poder inscribirse en el registro con el nombre de Sugata Mitra y, de paso, matricularse dentro de plazo en la facultad de polimatía… Ese mismo día, a la misma hora, pero a trece mil kilómetros  ―mar en medio―,  un profesor de psicología, Jerome Bruner, seguía dándole vueltas en Harvard a una nueva teoría pedagógica: el aprendizaje por descubrimiento… Martin Luther King, que asistía ese doce de febrero a una clase de filosofía en la misma universidad, en un melancólico despiste dio en pensar: «Wow, ya hace cuatro años que palmó el Mahatma…».

    De vivir hoy en día Plutarco, sus Vidas Paralelas estarían tan atiborradas de parejas ejemplares que seguro algún becario ya las habría clasificado temáticamente asignando al binomio Gandhi-Luther King al nutrido departamento de: «revolucionari@s», sección: «intoxicad@s por plomo»… Si viviese hoy el viejo Plutarco también hubiera mandado engrilletar y subir al carro de sus Vidas Paralelas  ―junto a Alejandro y César, junto a Demóstenes y Cicerón, junto a Pericles y Fabio, junto a Arístides y Catón (…)―,  a este par de hombres buenos: Jerome Bruner-Sugata Mitra

    Debían correr los sesenta cuando Jerome Bruner por fin se atreve a dar a conocer su nueva teoría pedagógica: el aprendizaje por descubrimiento; un enfoque constructivista que llegaba para romper con una pedagogía tradicional en la que los contenidos, mostrados por la docencia en su forma final, pasarían ahora a ser descubiertos, poco a poco, por el alumnado: este agente, otrora pasivo, pasaría a adquirir los conocimientos por sí mismo. La docencia, lejos de aquellas obsoletas matracas magistrales tan infumables, ahora se limitaría a plantear el objetivo y, fomentando la curiosidad de su alumnado, permitiría que éste lo conquistara solo. El formando dejaría de ser una grabadora para convertirse en capitán de su aprendizaje… Pobre Jerome, pobre iluso…

    Sugata Mitra, en aquella década que culminaría con la llegada del hombre a Selene ya se había doctorado en polimatía; esto es: al igual que Leonardo Da Vinci, María Montessori o Cajal, ya era un ilustrado en diferentes campos de lo práctico; de modo que en 1999, siendo ya reputado físico, informático y seguramente alguna cosa más, e impulsado por esa afección voyerista que todo científico inexcusablemente posee, hizo varios agujeros en la pared desde el interior de una oficina sita en un barrio muy pobre de Nueva Delhi y colocó en cada boquete, dando a la calle, un ordenador conectado a internet. Estos artilugios que hoy en día serían calificados de patatas, solo operaban en idioma inglés…

    Las criaturas, al ver aquellos cacharros dando a la calle, con recelo de gatitos curiosos, empezaron a aproximarse… «¿Qué sucederá ahora?  ―pensó Mitra, agazapado tras el muro―  Ninguno ha tocado nunca un ordenador, muchos no saben leer ni escribir, ni siquiera saben hablar inglés…». Y sucedió precisamente lo que el bueno de Sugata Mitra deseaba que sucediese: en poco tiempo esos desamparaditos aprendieron, por sí mismos y sin profesores, a navegar en internet: elegían qué mundo ver en esas pantallas, jugaban a juegos online y así, enseñándose unos a otros, sin profesores ni dirección alguna, aprendían también el suficiente inglés como para seguir navegando... El experimento Hole in the Wall no es ninguna broma, Sugata Mitra siguió replicándolo con idéntico éxito en muchos lugares pobres del mundo, hasta acabar por llamar al prodigio Educación Mínimameente Invasiva y desarrollar así el método SOLE; un sistema pedagógico que incita la curiosidad del alumnado mediante lo que él llama grandes preguntas. Las grandes preguntas pueden adaptarse a cualquier materia; por ejemplo: ¿Por qué se caen las cosas al suelo? (física) ¿Por qué el cliente siempre tiene la razón? (marketing) ¿Por qué sabe mi rostro que yo estoy alegre? (neurofisiología) ¿Por qué no nos entienden a los profesores si nosotros lo tenemos tan claro? (pedagogía)… El alumnado gusta de las preguntas sin respuesta, plantea Sugata Mitra…

    El neurofisiólogo argentino Mariano Sigman, un pibe que apunta maneras, confirma en su libro La vida secreta de la mente que la capacidad docente es innata en los primates superiores. Entonces, ¿docentes, para qué? ¿Para qué la docencia si el alumnado, como teorizó Bruner, aprende por sí mismo? ¿Para qué si Sugata Mitra pudo comprobar dicha hipótesis tras un agujero practicado en la pared? ¿Será para mantener  ―consciente, inconscientemente o por puñetera costumbre― el statu quo que domina en la enseñanza? ¿O será para joder, aunque solo sea un poquito, a generaciones enteras de estudiantes con programas ministeriales abarrotados de patrañas teóricas y conocimientos inservibles que engruman el pensamiento hasta coagularlo? ¿Para qué tantos docentes si uno solo, internet, ya podría sustituirnos a todos? Docentes… ¿para qué? He aquí una gran pregunta; busquen ustedes SUS respuestas, descúbranlas por sí mismos y disculpen si sus respuestas han sido condicionadas por quien escribe: Docentes… ¿para qué?

miércoles, 9 de agosto de 2023

Docencia-DECENTE (en el tajo)

                 

Hacía ya doce años que Baldomero ponía ladrillos junto a su pareja de obra, Nemesio. Desde entonces Baldomero y Nemesio conformaban un benemérito binomio que sólo rompía, de vez en cuando, el paro. Baldomero era albañil de genética: cumplidor, de rostro recio, serio, taciturno y callado. Nemesio tampoco hablaba casi nunca, pero a diferencia de Baldomero, siempre parecía alegre: lloviese, ventase o hiciese calor, Nemesio siempre mostraba tras sus bigotes blancos amarilleados por el tabaco una franca y perpetua sonrisa. Ese día se había estropeado la hormigonera, el material no llegaba, y para colmo, Dios había mandado tronar; ambos zascandileaban sudorosos, callados: recogían, ordenaban, limpiaban… Entonces Baldomero, mosqueado por la poco solidaria sonrisa su compañero se lo preguntó, ese día le preguntó a Nemesio lo que nunca le habría preguntado ningún otro: ¿Por qué siempre andaba contento incluso cuando el tiempo y las circunstancias eran tan reputas como hoy?:

―Mira, Baldomero  ―respondió sonriente Nemesio dejando el carretillo arrimado a la pared y señalando la esfera de su reloj de pulsera― ¿te habrás fijado que siempre llevo este reloj parado en las diez y diez?

―Joder, Nemesio  ―replicó Baldomero―,  no me jodas, tantos años juntos y nunca me había fijado… pero ahora caigo en esa cuenta: tú nunca estás pendiente de la hora y es por eso...  porque llevas ese viejo reloj de cuerda parado…  parece mentira, somos pareja y no te conozco, yo que bauticé a tus hijas, Nemesio…

―Amigo Baldomero  ―interrumpió Nemesio―,  en los relojes la cara es el espejo del alma: es la maquinaria interna la que mueve las agujas que están fuera; pero en las personas, es justamente al revés: el alma es el espejo de la cara: las manecillas de la cara son las que mueven la maquinaria del alma…

―Toma, dale un trago al botijo ―cortó ahora Baldomero acercando el cacharro de barro a Nemesio―,  la inactividad y este maldito bochorno de agosto sí que nos están jodiendo a nosotros la maquinaria... No te conozco… Maldita sea, maldita sea la hora hora en que te pregunté por tu puta sonrisa…

―Mira  ―dijo Nemesio clicando de nuevo en el cristal de la esfera de su reloj con esa uña de galápago viejo que a veces usaba para encintar las baldosas―,  este reloj es herencia de mi padre, Dios lo tenga en la Gloria, pero un buen día, hace quince años, empezó a adelantar y a atrasar a lo loco, sin ton ni son, de modo que no tenía hora fija, un putiferio, vamos. Entonces lo llevé a arreglar a la relojería del Gregorio, el primo de tu señora, y el Gregorio, hombre ilustrado como sabes porque ha escrito un libro, me explicó que el peluco no tenía solución, que el eje nosequé se había descompensado…  Yo le dije entonces que por cojones tenía que arreglármelo y ponerle hora fija. Y bien que cumplió el muy coñero... me lo puso en hora fija: soldó con estaño la maquinaria interior de este reloj, le inhabilitó la cebolleta y me lo dejó para siempre a las diez y diez. Hasta hoy.

―¿Y tú que hiciste, Nemesio? ¿No le diste dos hostias al Gregorio por la broma?

―Eso me pedía el cuerpo, y a buena fe que debió notármelo en la cara; pero el Gregorio, ese santo que siempre anda con el tiempo en los talones,  me repitió que no había ni arreglos ni repuestos para el eje y por eso decidió hacer lo que yo le había pedido: ponerle al reloj hora fija. Y me se fue quitando el tabardillo con sus muchas explicaciones: porque el Gregorio me advirtió que si soldaba la maquinaria a las doce en punto, parecería que al reloj le faltaba una aguja; que si la soldaba a las nueve, o a las tres, una aguja siempre taparía la prestigiosa marca CIMA; que otras opciones horarias eran muy poco elegantes; que si decidía estañarla las ocho y veinte, las agujas hacia abajo formarían un gesto triste y que, como mi padre era hombre alegre y eso no le habría agradado, decidió entonces soldar hora fija a las diez y diez: de este modo  las manecillas del reloj formarían para siempre una infinita y perpetua sonrisa. Y entonces, ¡te lo juro Baldomero!, yo le sonreí al Gregorio, y le quise pagar, pero me quiso cobrar la broma y asín me se quitó del tó el tabardillo. Y me se quedó esta sonrisa soldada. Hasta hoy.

martes, 8 de agosto de 2023

TIP ORAT.: Reparta la mirada

           

        ¡Qué tip tan evidente! «Reparta la mirada democráticamente»: todo el mundo sabe que a la gente hay que mirarla, que la verdad está en los ojos, que no mirar, o mirar de soslayo, puede significar desconfianza, miedo, o soberbia…  Pero saber eso es no saber nada, es quedarse en la superficie de un asunto tan penetrante como es el de la mirada: el diablo está en los detalles; veamos. 

      Mirar no es fácil para quien se inicia en el bello arte de la oratoria; el principiante  ―con la excepción del orador nato― es egoísta, enfoca su mirada hacia adentro, se centra estructura de su discurso, recela de su memoria, se siente observado: «No me mires, no me, no me mires, déjalo ya» (Mecano), rehúsa mirar porque los que están ahí le miran: «No mires a los ojos de la gente; me dan miedo, mienten siempre» (Siniestro Total) y su mirar acaba resultando tan flojo como su ego: pobre iniciado, aún no sabe que es bello, fuerte, único. Pero el ardiente rubor facial de este patito feo resulta infinitamente más fresco, natural, amentolado, resultón y confiable que toda la gestualidad del conferenciante experto, viajado, guaperas, seguro…  Éste si que sabe mirar, pero su interesante e interesada mirada, por estudiada, resulta tan creible como su sonrisa: esa que deja ver como al disimulo unos radiantes dientes de un blanco tan imposible, tan perfecto y deslumbrante que solo se explica por la acción química de algún agente blanqueante diseñando no sólo para acabar con el puto ecosistema de bacterias amarillas de su piñata, sino para matar también así, de paso, químicamente y de modo radical la profunda desconfianza que su discurso genera en los otros;  porque sí, el experto lleva muchos años mirando, sabe que debe mirar, pero lo hace sin verdad pues todo el amor está reservado a esa una selecta tribu de fans que son todo y uno a la vez: su ego. 

        No, el experto no mira, vende, y no vende un tornillo porque mira sin chispa, sin alegría, sin gracejo, con fingida complicidad; el experto ya no mira a su público con ese cándido rubor natural que murió al final del tercer aplauso, un aplauso más falso que segundo, más mecánco y fuerte que el primero. El experto es flojo de empatía: cuando suelta sus peroratas en público todavía parece estar ante el espejo, ante la webcam. De este modo la rutilante estrella mata al patito feo: ahora los otros que están ahí, mirando-le  sólo han venido a admirarle, a escucharle, a ovacionarle, a pedirle autógrafos. Y esto sucede porque el experto desconoce lo esencial: la gente no quiere aprender, la gente no quiere evaluar,  la gente tan solo quiere que ser tenida en cuenta. Mirar es repartir verdad; decir a cada par de ojos y con cada golpe de vista: gracias por venir, sé que usted me escucha porque usted es muy inteligente. El principiante sabe poco, pero el experto no sabe nada. Los grandes oradores  ―entre ellos hay principiantes, expertos y natos― saben que si los ojos, esos bellos exudados cerebrales han atravesado el cráneo están ahí, fuera, es para mirar desde dentro y hacia dentro del otro; teniéndole meridiana y machadianamente en cuenta: «El ojo que tú ves no es ojo por que tú lo veas, es ojo porque te ve». No, los grandes oradores no miran realmente con los ojos. Algunos locutores de radio, abocados a la ceguera por el medio, acaban mirando con el alma; se convierten en ciegos, ciegos enamorados. Quizá el TIP de inicio debiera ser otro: «Hable con los ojos tapados» o «Antes de hablar en público, deje su ego colgado en el perchero»; en cualquier caso ahora es que podemos entender ese tip tan superficial que hay arriba.